Tercer piso N°2
Era la quinta vez que se veían, la segunda que se besaban y ambos esperaban que esa tarde fuera más que saliva y caricias. Entraron en el departamento de ella, paredes y cortinas blancas, recien rentado, recién pintado casi sin muebles. La ternura se quedó afuera en la calle y entró con ellos sólo el deseo.
Sin decir ninguna palabra lentamente las caras empezaron a encontrar la forma perfecta de amoldarse, las bocas se abrieron anticipadamente, las lenguas comenzaron a ir y venir abriendose paso en la oscuridad, respiraban un mismo aire, se lo arrebataban de la nariz.
Todas sus fuerzas se concentraron en boca manos lengua y labios dejando que el corazón empezara a latir sin control y por un par de minutos nadaron en un rio muy profundo, olvidaron la risa.
Recordardon que había demasiado tiempo y demasiado espacio, moderaron su manera de besar. Sintieron demasiada ropa. Demasiada ropa y se separaron sólo lo suficiente para meter las manos y desabrochar, estirar, levantar y bajar. Los cuerpos se prepararon para ser desvestidos, ellos se prepararon para observar piel, piel hasta ahora desconocida. Ningún rincón fue tímido y todos sus lunares y una que otra cicatriz se atrevieron sin miedo a ser devorados.
El polvo en el piso acepto los cuerpos desnudos, no sentían dolor no sentían frío, aunque sus codos y rodillas reclamaran de cuando en cuando.
Ella escribó palabras sin sentido con sus labios y su lengua describió trayectorias circulares por toda la cadrera y el muslo derecho y la mirada de él dejó de jugar con sus senos y usó sus manos, usó todos sus dedos. En el cuerpo de ella, de haber querido habrian crecido flores en el ombligo.
Las lenguas ya habían probado cada músculo envuelto de piel cuando la ventana mas próxima decidió dejar salir el ruido del aliento... de pababras a medias...


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