Sofía
Esperó el momento perfecto para masturbarse, llegó pronto el silencio y el recuerdo.
Sus párpados se apretaron fuertemente y la imaginación hinchó sus senos y sus labios, liberó sus manos, desencadenó sus dedos: El índice derecho busco entre las piernas mientras el pulgar izquierdo se rendía ante la fuerza de los dientes, muriendo lentamente acariciado por la lengua.
Recordaba.
Recordaba e imaginaba.

